30 junio, 2011

Transformar la política

Los Asambleistas del PRI aplaudieron fervorosamente con actitud de burla cuando en la votación amañada del código de instituciones y procedimientos electorales se definía la paridad como un asunto de mujeres y carente de sentido.

Acaso no se entendía que con la paridad, con la democracia ganamos todos y todas, supongo que no. La escena parecía una jaula llena de chimpancés en un acto repetitivo y sin mucha lógica.

Algunas buenas y sensatas mentes votaron a favor -23 para ser exacta- de que las mujeres al ser más del 50% de la población necesitan la garantía de la paridad para no ser desplazadas en las contiendas electorales.

No hace falta mucha imaginación para ver a un Betanzos, un Cristian Vargas actuando como seres de otro siglo aplaudiendo a la violencia institucional que implica el no reconocer que las mujeres son portadoras de un derecho fundamental, a representarse políticamente a sí mismas y a otros hombres de su Ciudad.

Vale la pena preguntarles directamente porque?, que nos den argumentos contundentes del porqué votar en contra de la paridad de género, porque ellos no pasaron a tribuna a defender esa postura retrógrada? se colocaron detrás del voto, no dieron la cara.

Recuerdo la sonrisa burlona de la Diputada Alejandra Barrales en la discusión del Código en el pasado periodo ordinario de la V Legislatura, sonrisa burlona contra las idealistas -y un idealista- diputadas que pasaron a defender la paridad en el Código sin que hubiera eco en la Presidenta de la Comisión de Gobierno. Se rumoraba en pasillos del recinto legislativo que la Diputada Barrales había pactado con el "nuevo PRI" echar para atrás la paridad a cambio del aumento de porcentaje de afiliadas y afiliados como requisito para constituir nuevos partidos en la Ciudad.

Pasaron los días y en el Congreso Internacional "Participación política y liderazgo femenino" impulsado por la ALDF, el Tribunal Electoral del DF, ONU Mujeres, entre otras instituciones; la diputada esgrimía en su participación durante el evento que "venia de realizar labores propias de su sexo: lavar y planchar iniciativas" y que iba a impulsar la paridad en el código electoral. Falso de toda falsedad -diría mi Abue- porque teniendo la oportunidad de hacerlo no lo hizo y hoy que se volvió a poner sobre la tribuna tampoco lo hizo.

La palabra congruencia sigue quedándole grande a una parte de nuestra clase política. Digo nuestra porque es la que hay y estoy clara de que debemos asumirla y transformarla, porque esta grave frustración que nos generan nuestras y nuestros representantes nos llevan a no ser como ellos y ellas; a transformar la política, esa de la vida cotidiana.

Hace unos días tuve una platica -en minutos álgida- con un servidor público patrimonialista; sí los sigue habiendo. La enseñanza aprendida: "idealista con los pies en la tierra" ¿se puede?, sí, ese es el horizonte que entendí de Galeano

No bajar la guardia y seguir trabajando por el País que queremos, se escribe fácil.
Ser ecuánime y construir con los otros y las otras, aún más.
No hay de otra, de verdad, hay que transformar la política nosotras y nosotros mismos, ya lo dice esa frase popular "si quieres que las cosas salgan muy bien, hazlas tu misma"

Buena noche, a drummi !!!

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