Mujeres con sus historias de vida a cuestas pero preocupadas
por el bienestar social.
Mujeres que no saben si el éxito de sus esfuerzos por el bien
común redituara o incluso golpeará su bienestar personal.
Somos las y los jóvenes mexicanas que ante la violencia y el
desdén por lo diferente nos encontramos sumergidas en una sociedad que nos
etiqueta y nos maltrata.
“Todos los días salgo de mi casa y no sé si regresaré a ver
a mi hijo” lo decimos con lágrimas de enojo, de encabronamiento, de desesperación
pero sobre todo con miedo.
Un miedo que nos paraliza y nos individualiza, un miedo que
puede llegar a lo más profundo de los huesos y liberar un tufo egoista ante la
desgracia social de la que somos parte.
Pero ante esto, ¿qué nos queda?
Leyes que vulneran el derecho a decidir, apáticos y flojos gobernantes, células organizadas que dicen representar una verdad, que se pretenden encumbrar como la única voz en una diversidad inminente y que se escudan detrás de una máscara defensora de la vida. Tolerar y callar en lo individual, en la medida de lo imposible sobrevivir.
También nos queda, en la medida de lo posible, organizarte, soportarte, caerte,
levantarte y volver a agruparte para actuar.
Transformar el yo individual en el yo colectivo.
Y ayer precisamente conocí un "yo colectivo" las integrantes de ddeser morelos, un
conjunto de “yos” individuales fuertes y comprometidos con cuerpo de mujer.
Así que aunque somos y estamos en este planeta solas y
solos, porque así es la naturaleza, también estamos en esta sociedad para
actuar en colectivo y transformar.
Hay un mamut que matar, el miedo.

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